La salazón es una de las técnicas más antiguas de conservación de los alimentos. España ha destacado desde la Antigüedad por su tradición y calidad en la elaboración de salazones de pescado. Ya en tiempo de fenicios, griegos y romanos se instauraron en la península ibérica importantes factorías de elaboración de salazones, como la de Sexi (Almuñecar), Gadir (Cádiz), Abdera (Adra), Cartagena o Xabia. Entonces ya sabían que la sal aumenta la vida de los productos de la pesca y retrasa su alteración. Lo cierto es que los usos de la sal por parte de los humanos se remontan a tiempos muy lejanos. Muchas culturas han considerado la sal como un objeto valioso digno de transacciones comerciales,  actividad que ha dejado nombres como salario, o de vías, tales como la prehistórica Route du Sel en Francia.

 La sal es un factor muy importante en la gastronomía canaria, véase el pescado salado en un plato tan típico como el "sancocho" o las bien conocidas “papas arrugadas”. Es por todo esto  que en Fuerteventura se han aprovechado las condiciones tan favorables que presenta la isla para la producción de esta "roca comestible", aunque la historia de las salinas en Fuerteventura es relativamente reciente. Hasta el siglo XVIII la sal que se consumía en la isla procedía de las salinas naturales localizadas fundamentalmente en la costa oeste.

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Plato típico canario, sancocho.

   En los años 40 se construyen en Puerto Cabras unas grandes salinas, siguiendo el ejemplo de Lanzarote, la isla vecina, donde funcionaban de manera excepcional. Las Salinas de Puerto Cabras o Salinas del Viejo tenían una extensión  de más de 73 000 metros cuadrados, de los cuales 49 000 pertenecían a la zona de calentadores, 23 000 a la zona de las pocetas y el resto eran las edificaciones, una casa y el salón de la sal.

   Las Salinas del Viejo tenían un trazado rectangular y contaba con un gran número de cocederos rectangulares cuyos muros eran de piedra con barro o de mortero. Estos pudieron llegar a tener 40 cm de altura de llenado, en ellos se aumentaba la temperatura del agua debido a la fuerza del viento y los rayos solares. Cuando el agua alcanzaba la temperatura adecuada, se canalizaba hacia los evaporadores, los tajos, que son pocetas cuadradas en las que el agua se terminaba de evaporar y se extraía la sal.

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Vista de los restos de las Salinas de Puerto Cabras en la actualidad.

   Se estima que la producción de estas salinas era de unas 1 200 toneladas de sal anuales. Esta estaba exclusivamente destinada a la flota pesquera y la industria conservera.

    El fin del funcionamiento de Las Salinas del Viejo llegó a finales de la década de los 50, siendo desmanteladas y subastados los terrenos que ocupaban.

   Estas salinas ocuparon los terrenos en los que actualmente se encuentra el faro de Puerto del Rosario, entre la Punta del Gavioto y Punta La Arena, debajo de la planta potabilizadora de la capital.

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Faro de Puerto del Rosario.

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Planta potabilizadora y central eléctrica de Puerto del Rosario.

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